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La cirugía plástica (ya sea estética o reparadora) tiene gran importancia en la vida de los pacientes que se someten a ella. No se trata sólo de mejorar nuestro aspecto o mejorar algún problema funcional, sino de mejorar nuestra vida. Por eso es tan importante que las intervenciones quirúrgicas queden en manos de cirujanos de confianza.

Errores quirúrgicos

Ya sea por necesidad o por estética, la cirugía plástica nos ayuda a estar mejor con nosotros mismos. Sin embargo, el auge de las intervenciones de cirugía estética años atrás conllevó un aumento alarmante de desastres quirúrgicos. Pero el mayor de los desastres no eran los malos resultados estéticos, sino los daños personales que conllevaban. En muchos casos, esos errores médicos acababan acarreando complicaciones y problemas de salud, cuando no problemas psicológicos.

La prensa amarilla (y también el mundo digital, tan abocado a magnificar las desgracias ajenas) ha llenado muchas páginas con los errores estéticos, especialmente en celebrities y famosos de distinta índole. Pero hay un gran número de desastres en cirugía estética que afectan a personas anónimas. Personas para las que reparar ese error es un auténtico calvario: personal y médico, pero también económico e incluso social. Si algo positivo podemos extraer (¡y debemos hacerlo!) de toda esta situación es que cada vez hay más conciencia sobre la importancia que tiene elegir un buen cirujano para realizarse una intervención de cirugía plástica. De hecho, desde SECPRE (Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética) se inició la campaña #PideUnCirujanoPlástico con el fin que los pacientes se informen acerca de la cualificación que deben tener los profesionales que les realicen las intervenciones.

Aunque, desgraciadamente, todavía hay demasiados errores.

Las personas, primero

En nuestra consulta atendemos una gran variedad de casos. En muchos casos, son pacientes que requieren cirugía reparadora. Y no siempre por problemas congénitos o por accidentes graves. En más ocasiones de las que querríamos, hay que reparar los errores de otros. Desde el punto de vista médico, implica una complejidad mayor en la cirugía, ya que tratamos con tejidos dañados, que no están en su estado original y nunca se obtendrán los mismos resultados que con una cirugía hecha por primera vez. Y desde el punto de vista humano, ¿cómo reparamos la vida de las personas?

Reconstruir vidas no es solo reconstruirlas por fuera, sino por dentro.

Es fundamental escuchar al paciente, con el fin de establecer el vínculo más importante que debe existir entre un médico y su paciente, la confianza. Nuestro trabajo es la vida de las personas. Nos enfrentamos a sus esperanzas y deseos más íntimos, y es por ello que hay que dedicarles mucho cuidado, atención y dedicación. Ese es el primer paso en la reconstrucción de una vida.

Restaurando vidas

Afortunadamente, la sociedad está tomando conciencia de que nuestra profesión no se dedica casi exclusivamente a reconstruir vanidades. Hay detrás un trabajo de muchos cirujanos que centramos nuestros esfuerzos en mejorar la vida de la gente. Reconstruir vidas no es solo reconstruirlas por fuera, sino por dentro. Ya que dedicamos tantas horas a una cirugía, ¿por qué no invertir unas cuantas más escuchando lo que el paciente siente y lo que le preocupa?

La confianza en el cirujano y un trato cercano son fundamentales en dos de los momentos más importantes a la hora de afrontar una intervención: el antes y el después. Entrar sereno y confiado a la sala de quirófano es tan importante como mantener la seguridad en los resultados durante el post-operatorio. La tranquilidad y la empatía con el cirujano deberían ser tan importantes como una buena cicatrización y un rápido restablecimiento.

Nuestra mayor alegría no es que una operación haya sido técnicamente exitosa ni que el paciente tenga una buena recuperación, que también. Nuestra mayor alegría es reencontrarnos con un paciente tiempo después y comprobar que lleva una vida plena, sin ningún recuerdo de porqué vino un día a nuestra consulta.

A pesar de haber sido una de las grandes revoluciones de la cirugía en el último siglo que ha permitido salvar millones de vidas, la anestesia es uno de los factores más temidos por aquellos que deben someterse a una operación quirúrgica. Pero, ¿de qué tenemos miedo cuando tememos a la anestesia?

Muy a menudo en nuestra consulta, los pacientes nos trasladan sus inquietudes respecto a la anestesia. En general, es un miedo a lo desconocido, a notar dolor durante la operación o incluso a no despertar tras la misma. La realidad nos dice que es mucho más seguro ponerse en manos de un cirujano especializado con un equipo y unas instalaciones médicas adecuadas, que el mismo camino a la clínica. De hecho, hay quien asegura que es 40 veces más probable quedarse “frito” por culpa de un rayo, que morir debido a complicaciones derivadas de la anestesia.

Y es que, si racionalizamos este miedo, nos daremos cuenta de que la anestesia induce un sueño profundo en el paciente, y aunque puede que no estemos familiarizados con ella o con los procesos quirúrgicos a los que nos sometemos, sin duda sí que dormimos todas las noches: sabemos lo que es descansar, quedar dormidos, perder la conciencia durante el sueño y despertar solos de forma natural. En definitiva, dormimos solos y nos despertamos solos todos los días de nuestra vida sin que ello nos produzca ningún tipo de ansiedad.

Pues bien, bajo los efectos de la anestesia, nos dormimos y nos despertamos, pero durante todas las fases de este “sueño” alguien nos vigila para asegurarse de que absolutamente todo vaya sobre ruedas: mientras dormimos, el anestesiólogo vigila nuestras constantes vitales, que el bombeo de la sangre sea el adecuado, que la recepción de oxígeno sea la óptima, y, en definitiva, que todo esté en orden hasta que estemos totalmente despiertos.

La cirugía moderna no sería posible sin la anestesia y los beneficios que ésta ha aportado a la ciencia son incalculables. Comparte todas tus inquietudes con el cirujano y disipa todas las dudas que aparezcan en tu cabeza. Y recuerda: mientras dormimos inconscientes en quirófano, hay unos ojos atentos y vigilantes para asegurarse en todo momento de que todo vaya bien.

Si todavía tienes dudas o preguntas, nuestro equipo tratará de responder a todas ellas.

No cabe duda de que la cirugía estética pone al alcance de nuestras manos la posibilidad de sentirnos más a gusto con nuestros cuerpos, pero… ¿a cualquier edad? Esta es una de las preguntas más frecuentes de nuestras pacientes; y es que, sin duda, junto con la madurez (que nada tiene que ver con los años de vida acumulados), la edad es un factor determinante en nuestro desarrollo físico y por lo tanto cabe tenerlo muy en cuenta cuando decidimos ponernos en manos de un cirujano. Pero, cuál es la edad ideal para cada cirugía estética? Veamos, a grandes rasgos, cuáles son las intervenciones más comunes y a qué edades suelen practicarse.

Otoplastias – o corrección de las orejas:

Como ya vimos en un artículo anterior donde hablábamos sobre cómo eliminar los complejos de orejas de algunos niños con la Otoplastia, esta es de las pocas intervenciones común en niños y niñas a partir de los 5 años de edad.

Rinoplastias – o retoques de la nariz:

Solo se puede llevar a cabo una rinoplastia cuando los huesos de la cara se han desarrollado totalmente; aunque puede practicarse a partir de los 16-17 años de edad, normalmente se recomienda hacerlo a partir de los 20 años.

Aumentos o reducciones de mama:

Aquí diferenciamos dos grupos de pacientes claramente distintos: de un lado, las mujeres más jóvenes con poco o mucho pecho o a veces con mamas tuberosas – entre 18 y 30 años –, y las mayores de 30 años que ya han tenido hijos y quieren recuperar la forma natural de sus pechos. Los embarazos pueden alterar la forma y el volumen de los pechos, por lo que es recomendable realizar las correcciones una vez completado los deseos gestacionales.

Mastopexias – o elevaciones de pechos:

Generalmente, las mujeres que se someten a esta intervención, son mujeres que ya han tenido hijos o con el pecho caído por el propio proceso evolutivo de la mama.

Liposucciones:

La mayoría de pacientes son mayores de 25 años y menores de 50. Esto es así porque, generalmente, a partir de los 50 el cuerpo tiende a perder la capacidad de retracción cutánea.

Abdominoplastias:

Generalmente, se practica en mujeres que ya han tenido hijos, aunque también es común en hombres a partir de los 40.

Lifting facial y blefaroplastia:

Tradicionalmente se indicaba en pacientes a partir de los 50 años. No obstante, con las nuevas técnicas menos invasivas, es habitual realizar técnicas de rejuvenecimiento facial en la década de los 40, cuando los primeros signos de envejecimiento han hecho su aparición.

¿Tienes alguna duda específica sobre una intervención de cirugía plástica? Escríbenos a esta dirección, y responderemos a todas tus preguntas.